viernes, 8 de marzo de 2013

Del encadenamiento de Fenrir

Reunámonos pues para escuchar la gloriosa historia del encadenamiento de Fenrir.

Tiempo ha, Odín, padre de todo, tuvo el conocimiento de que el lobo Fenrir sería quien le diese muerte en el Ragnarök -el ocaso de los dioses-. En lugar de matar al que por entonces era un cachorro, impulsado por su amor por los lobos, decidió tomarle bajo su cuidado en Asgard, la morada de los dioses, confiando en que de este modo Fenrir desarrollase cierta simpatía por él y no luchase en su contra en el Ragnarök

El tiempo fue pasando y Ferir fue creciendo, al punto en que resultaba evidente que era un peligro para los dioses, tanto por su envergadura como por su conducta. Así pues Odín decidió que se forjase una cadena con la que atarle y retenerle, para salvaguardar a los dioses, hasta que llegase el crítico día de su ocaso.
Para tal fin pidieron ayuda a los mejores artesanos, que forjaron una recia cadena de metal. Los dioses, sabiendo que Fenrir era sagaz pero orgulloso, decidieron engañarle para poder atarle. Tras esto le desafiaron, diciéndole que demostrase a todos su fuerza rompiendo la cadena que le pondrían.
El lobo aceptó, seguro de su poder. Los dioses le encadenaron fuertemente pero, apenas habían acabado de atarle, el monstruoso animal se libro de las cadenas rompiéndolas sin esfuerzo.

Consternados, los dioses decidieron consultar a artesanos enanos, que forjaron una cadena de metal puro, mucho más gruesa y resistente, tanto que un hombre no habría sido capaz siquiera de alzarla. Nuevamente acudieron con el desafío a Fenrir, que lo aceptó confiado tras su anterior éxito. Y no sin razón, pues volvió a quebrar las gruesas cadenas como si fuesen de papel.

Viendose en tal aprieto, Odín decidió recurrir a los mejores maestros artesanos enanos para que forjasen una cadena irrompible. Los artesanos trabajaron día y noche empleando los más descabellados materiales: el ruido de un gato, la baba de los pájaros, el alma de los peces, los tendones de los osos, las raices de las montañas y las barbas de las mujeres -razón por la cual dichos entes ya no disponen de semejantes atributos-. Tras su prodigiosa labor se forjó una fina y aparéntemente delicada cinta mágica, Gleipnir. Odín se la llevó a Fenrir, seguro del trabajo de los enanos.

El lobo, cauteloso, alegó que tras haber probado su fuerza nada tenía que demostrar rompiendo una cinta insignificante, pues sabía que el dios era artero y taimado. No obstante, al sentir las burlas de los dioses por temer no ser capaz de romper una fina ligadura, aceptó ser atado con una condición: Un dios debería poner su mano de la espada en su boca, como gesto de buena fe. Así, si el lobo no era capaz de liberarse los dioses, tras mofarse, le librarían.

Todos sabían lo que pretendía Odín y ninguno de ellos quería dar un paso al frente y poner su mano diestra en las fauces de la bestia.
Ninguno salvo Tyr, el dios del valor, que aceptó ser quien pagase tan alto precio. Así pues, Fenrir fue atado y cuando vio que no podría liberarse, solicitó a los dioses que le liberasen. Evidentemente los dioses se negaron entre risas y burlas a la estupidez e imprudencia del lobo.
Todos rieron salvo Tyr, dios del sacrificio y de los zurdos desde ese día, puesto que así es como perdió el mejor guerrero de Asgard su mano diestra.

2 comentarios:

  1. No sabia que escribieras tan bien.....
    Mi gustar mucho O.o
    Me has dejado impresionada :), y con ganas de leer más relatos; asique... venga venga... que ya quiero leer más...

    Y que sepas que nunca me paro a leer blogs.. ni nada y este me gustaaa

    Muajajajaja

    _____________________________Animoooo________________________________

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  2. Me voy a sonrojar jajajaj Se agradece que te guste, haré lo posible por no dejarlo en el olvido, que tengo por ahí un par de historias pendientes.
    Muchas gracias señorita, tienes el honor de ser mi primera fan :D

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