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martes, 13 de agosto de 2013

Los desafíos de Utgard-Loki

Hallabanse Loki, Thor y el sirviente de este, Thjalfe, en una de sus aventuras. Esta vez los azares del destino les habían llevado hasta el lejano reino de Utgard donde, cansados por lo largo de su marcha y los azares del viaje, tuvieron la dudosa fortuna de encontrar un grandioso castillo, de dimensiones tales que tuvieron que alzar sus valerosas cabezas para llegar a vislumbrar en que punto sus torres se perdían entre las nubes. Era evidente que una construcción de semejante tamaño no podía pertenecer sino a un gran señor de los gigantes.

Se adentraron en el castillo para disfrutar de refugio. Al entrar contemplaron un gran salón donde estaban sentados gigantes de un tamaño descomunal, incluso entre los de su especie, tan grandes eran que los moradores de Asgard ni siquiera podían alcanzar sin ayuda los bancos donde estos reposaban. De entre todos estos colosos destacaba por su regio porte uno de ellos, que se levantó y se dirigió hacia sus pequeños huéspedes, no era otro que Utgard-Loki (quién sería conocido de este modo porque su astucia sólo puede compararse con la del dios del engaño).

-Os saluda el rey de los gigantes de Utgard. Ciertamente esperaba algo más espectacular de los temibles Aesir. -dijo con un tono displicente- Supongo que es posible que unos hombrecillos como vosotros puedan sorprenderme. No os juzgaré por vuestra lamentable apariencia, pero sabed que en este castillo no hay quien no sea un maestro en su arte. Decidme pues, ¿acaso hay algún arte en el que seáis dignos de mención?

El trio quedó terriblemente agraviado por la actitud de Utgard-Loki y, sin mediar palabra entre ellos, supieron que sólo podrían purgar semejante agravio demostrando su superioridad a su irrespetuoso anfitrión. Loki, haciendo con su rapidez honor a su astucia, fue el primero en responder al reto lanzado.

-Competiré contra cualquiera de tus hombres, pues no hay quien coma con más voracidad que yo. -afirmó seguro el dios de las mentiras, puesto que se hallaba famélico después de la larga travesía y sabía que esto le daría ventaja frente a los gigantes que ya se hallaban festejando.

Utgard-Loki eligió a uno de sus hombres, un delgado chico pelirrojo llamado Loge, que acudió presto. Se dispusieron dos mesas, una frente a cada competidor, con una cantidad de comida propia de un gran blot. Ambos se sentaron y, tras la señal del rey de los gigantes, comenzaron a engullir. Poco tardaron en acabar y ambos lo hicieron a la par. Sin embargo, mientras el hambriento Loki había devorado la carne por completo dejando huesos y platos impecables, Loge había dado cuenta de la carne, los huesos, los platos, los cubiertos y la propia mesa. Todos estuvieron de acuerdo en que Loki había sido claramente derrotado.

Llegó el turno así de Thjalfe, famoso por su rapidez. Habida cuenta de su reputación y preparado después de una gran caminata vio clara su opción.

-Soy más rápido que cualquiera de los presentes. Os desafío a una carrera. -dijo el joven siervo de Thor.

-Competirás contra Huge. Muy raudo deberás ser si esperas ganar. -dijo Utgard-Loki con sorna- Acompañadme.

Al ver que Huge era un niño, Thjalfe se confió puesto que sus piernas eran mucho más largas que las de este y también lo era su experiencia. 

Una vez en el exterior del castillo arrojaron una flecha lejos, hasta el linde del horizonte. Tres veces corrieron hasta la flecha y de vuelta al castillo y tres veces fue derrotado el sirviente de Thor por un amplio margen, pues cuando este a penas se hallaba a mitad de camino hacia la flecha, su rival ya se encontraba de vuelta en el castillo.

Sólo restaba Thor para salvaguardar el orgullo de Asgard, así que dio un paso al frente y exclamó: -Difícilmente hallarás un mejor bebedor que yo, ponme a prueba si dudas de mi palabra.

-Aquí tenemos un cuerno repleto de hidromiel. -respondió risueño Utgard-Loki- Cualquier bebedor que se precie podrá vaciarlo de un sólo trago, aunque hay quien emplea dos. Pero tampoco es mal bebedor aquel que lo logra vaciar de tres tragos.

El dios del trueno agarró con fuerza el cuerno y comenzó a beber. Dio un trago tan largo como sus pulmones le permitieron, seguro de haberlo acabado pues en ese tiempo sin respirar cualquier otro habría caído sin sentido. Al mirar el interior para comprobar su hazaña no pudo si no sorprenderse al ver que el nivel prácticamente no había disminuido.

-No está mal, pero ciertamente esperaba mucho más del famoso Thor. Sin duda del segundo intento lo vaciareis. -dijo con gran sorna el señor de los gigantes.

Furioso, el dios tomo aliento y lanzó su segundo envite con mayor intensidad. Largo tiempo bebió mientras los gigantes murmuraban entre sí, realizando comentarios jocosos. Al finalizar el resultado fue idéntico: el cuerno había bajado menos de un dedo.

-¿Os burláis de nosotros poderoso Thor? Ciertamente debéis estar guardándoos lo mejor para el final. -rió descaradamente Utgard-Loki.

Con el sonido de las burlas en sus oídos, el portador de Mjöllnir bebió con tanta fuerza que incluso los propios gigantes guardaron silencio espectantes. Tras una eternidad el dios se detuvo y, al descender el cuerno, los tres viajeros se abochornaron al ver que el contenido sólo había mermado un par de dedos.

-No me cabe duda de que estáis reservando vuestra fuerza para algún desafío que se halle más a vuestro alcance... -comentó con aviesas intenciones el soberano del lugar. -Los niños de Utgard acostumbran a jugar a un juego, es una insignificancia, pero, habida cuenta de vuestra actuación, tal vez este desafío se encuentre por fin a vuestra altura. Gran Thor, ¿os veis capacitado para levantar a este gato del suelo? -dijo refiriéndose a un gato grisáceo que acababa de entrar en el salón.

Thor, furioso, intentó alzar al gato con todas sus fuerzas, pero este solamente arqueaba su espalda sin alzarse un ápice. Lo máximo que consiguió el dios con toda su fuerza fue levantar una pata del animal del suelo antes de dar por imposible otro desafío. Ciego de ira echó mano a su martillo e, imprecando a los presentes, los desafió a todos a un combate singular.

-Ninguno de mis hombres está dispuesto a deshonrarse luchando contra quien no puede ni alzar un gato del suelo. Pero tal vez la vieja Elle, mi nodriza, pueda ser un rival justo para vuestro poder. -dijo Utgard-Loki con una sonrisa.

La anciana Elle era una mujer encorvada, desdentada y medio calva. Al verla llegar Thor se enfureció hasta niveles insospechados, puesto que pensaba que combatir a una mujer de semejante edad era un insulto manifiesto. Estaba equivocado, ya que por fuertes que fuesen sus ataques, las vieja siempre se mantenía firme hasta que, finalmente, consiguió doblegar al agotado As.

Tras la derrota en la última prueba, el rey de los gigantes dio por finalizados los desafíos y permitió descansar bajo su techo a los viajeros, pues había quedado claro que los gigantes no tenían nada que temer de los dioses.

A la mañana siguiente Utgard-Loki convidó a un banquete a los moradores de Asgard y los acompañó hasta la salida de su majestuoso castillo. Cuando se hallaban lejos del mismo, el soberano de los gigantes preguntó al abatido trio:

-Decidme, en todos vuestros viajes, ¿habeis llegado a encontrar quién rivalice con mi poder?

-No, gigante, no lo he hecho. -respondió Thor- Y debes saber que me pesa la deshonra sufrida en tu reino. Nadie había considerado mis habilidades indignas de mención hasta el día de ayer.

-Hemos salido de mis dominios y, en honor a las hazañas realizadas, os diré la verdad. Pero tener en cuenta que, mientras gobierne en Utgard, nunca jamás volveréis a poner un pie en mi reino. -afirmó con severidad, despojada su voz de todo rastro del burlón tono que emplease en el castillo. -Nadie habría sospechado que demostraríais semejante fuerza y estaríais tan cerca de vencer. Desde que entrasteis en mi castillo os he engañado a voluntad, una vez tras otra. 

Los habitantes de Asgard se miraron, sorprendidos, puesto que era difícil superar la sagacidad de Loki, que nada había sospechado. El rey de los gigantes continuó.

-Loki compitió contra Loge, el propio fuego encarnado, cuya voracidad no tiene límite ni igual. Thjalfe corrió contra Huge, que no es otro que mi propio pensamiento, para cuya rapidez no era rival vuestro amigo. Y Thor, -afirmó mirándole fijamente- por tres veces estuviste a punto de causar una catástrofe. El cuerno del que bebiste estaba unido al propio océano, del cual has conseguido vaciar una parte, de ahora en adelante las mareas serán vuestro legado al mismo. El gato que intentasteis alzar era en realidad la serpiente que rodea y contiene Midgard, la temible Jörmungandr, alzar su cola como lo hicisteis no es una pequeñez ni mucho menos. Pero lo que más me sorprendió fue vuestra lucha contra Elle, la Vejez, durante la que conseguisteis soportar sus embates con una resistencia que ningún ser podría igualar, más aún así nadie puede vencer a la edad, ni siquiera el más fuerte de los Aesir. -hizo una pausa mientras evaluaba la reacción de sus huéspedes- Ahora partid y será mejor que no volvamos a encontrarnos, pues vuestra fuerza y nuestro ingenio son dignos rivales y grandes desgracias podrían surgir de su choque.

Thor, al saber el vil engaño y la humillación injustificada a la que había sido sometido, asió su letal martillo Mjöllnir e intentó arremeter contra Utgard-Loki, pero antes de que pudiese descargar su golpe, este había desaparecido. Intentó cobrar venganza contra su castillo al verse nuevamente burlado, mas cuando llegó a donde este estaba, en su lugar sólo encontró una basta llanura.

Pocos pueden presumir de haber enojado a Thor y seguir con vida. Menos aún son capaces de burlar a Loki, dios de la mentira y el engaño. Sin embargo, es evidente que Utgard-Loki dista mucho de ser un simple gigante.

viernes, 8 de marzo de 2013

Del encadenamiento de Fenrir

Reunámonos pues para escuchar la gloriosa historia del encadenamiento de Fenrir.

Tiempo ha, Odín, padre de todo, tuvo el conocimiento de que el lobo Fenrir sería quien le diese muerte en el Ragnarök -el ocaso de los dioses-. En lugar de matar al que por entonces era un cachorro, impulsado por su amor por los lobos, decidió tomarle bajo su cuidado en Asgard, la morada de los dioses, confiando en que de este modo Fenrir desarrollase cierta simpatía por él y no luchase en su contra en el Ragnarök

El tiempo fue pasando y Ferir fue creciendo, al punto en que resultaba evidente que era un peligro para los dioses, tanto por su envergadura como por su conducta. Así pues Odín decidió que se forjase una cadena con la que atarle y retenerle, para salvaguardar a los dioses, hasta que llegase el crítico día de su ocaso.
Para tal fin pidieron ayuda a los mejores artesanos, que forjaron una recia cadena de metal. Los dioses, sabiendo que Fenrir era sagaz pero orgulloso, decidieron engañarle para poder atarle. Tras esto le desafiaron, diciéndole que demostrase a todos su fuerza rompiendo la cadena que le pondrían.
El lobo aceptó, seguro de su poder. Los dioses le encadenaron fuertemente pero, apenas habían acabado de atarle, el monstruoso animal se libro de las cadenas rompiéndolas sin esfuerzo.

Consternados, los dioses decidieron consultar a artesanos enanos, que forjaron una cadena de metal puro, mucho más gruesa y resistente, tanto que un hombre no habría sido capaz siquiera de alzarla. Nuevamente acudieron con el desafío a Fenrir, que lo aceptó confiado tras su anterior éxito. Y no sin razón, pues volvió a quebrar las gruesas cadenas como si fuesen de papel.

Viendose en tal aprieto, Odín decidió recurrir a los mejores maestros artesanos enanos para que forjasen una cadena irrompible. Los artesanos trabajaron día y noche empleando los más descabellados materiales: el ruido de un gato, la baba de los pájaros, el alma de los peces, los tendones de los osos, las raices de las montañas y las barbas de las mujeres -razón por la cual dichos entes ya no disponen de semejantes atributos-. Tras su prodigiosa labor se forjó una fina y aparéntemente delicada cinta mágica, Gleipnir. Odín se la llevó a Fenrir, seguro del trabajo de los enanos.

El lobo, cauteloso, alegó que tras haber probado su fuerza nada tenía que demostrar rompiendo una cinta insignificante, pues sabía que el dios era artero y taimado. No obstante, al sentir las burlas de los dioses por temer no ser capaz de romper una fina ligadura, aceptó ser atado con una condición: Un dios debería poner su mano de la espada en su boca, como gesto de buena fe. Así, si el lobo no era capaz de liberarse los dioses, tras mofarse, le librarían.

Todos sabían lo que pretendía Odín y ninguno de ellos quería dar un paso al frente y poner su mano diestra en las fauces de la bestia.
Ninguno salvo Tyr, el dios del valor, que aceptó ser quien pagase tan alto precio. Así pues, Fenrir fue atado y cuando vio que no podría liberarse, solicitó a los dioses que le liberasen. Evidentemente los dioses se negaron entre risas y burlas a la estupidez e imprudencia del lobo.
Todos rieron salvo Tyr, dios del sacrificio y de los zurdos desde ese día, puesto que así es como perdió el mejor guerrero de Asgard su mano diestra.