"Sé de un fresno que se alza, se llama Yggdrasil, árbol alto, bañado de blanca humedad; de él baja el rocío que cae en los valles; se alza en la verde fuente de Urd.Völuspá, versos 19 y 20
De allí vienen doncellas de gran sabiduría,son tres, desde el mar que mana del árbol; Urd se llama una, Verdandi la otra, -en ramas graban letras-, Skuld es la tercera; las leyes hacían, elegían las vidas de todos los hombres, el futuro predicen."
-¡Escuchadme! ¡Presiento una gran amenaza!- dijo Skuld. La norna siempre había sido más apasionada que sus hermanas, no en vano era también una valquiria, pero su pálida tez y el temor en sus ojos consiguieron reclamar la atención de Urd.
-¿Que te inquieta esta vez? -replicó Verdandi- ¿Otro
bostezo de Fenrir?
Como hermana mediana carecía tanto de la prudencia de
la anciana Urd como de la previsión de la joven Skuld, pero su peculiar humor
siempre conseguía alegrar a todo aquel a quien se lo regalaba. No obstante su
satírico comentario cayó en saco roto esta vez.
-No es un buen momento para bromas. -sentenció con
severidad Urd.- Dinos que te atormenta en tanta medida. ¿Qué aciagos signos
divisas entre las brumas del futuro? -Las arrugas le habían regalado sabiduría
suficiente como para no desoír los consejos de sus hermanas.
Skuld detuvo su labor de tejedora de destinos y retiró
cuidadosamente sus temblorosas manos del telar. Sin apartar la vista del cordel
que acababa de colocar, entre aterrorizada y fascinada, se dirigió a sus
hermanas entre susurros.
-El chico que acaba de nacer... Los caminos que se
abren ante él... Podría llegar a destruir los nueve mundos.- afirmó la joven.
Las valquirias eran conocidas por su coraje, pero ante semejante perspectiva
sólo el propio Tyr habría sido capaz de conservar la compostura. -Debemos
encontrarle, ¡hay que intervenir mientras podamos!
-¡Nosotras no intervenimos! ¡Nadie puede alterar el
destino! ¡Todo el mundo debería saber eso y tu más que todos ellos juntos! ¿Has
perdido la razón? -exclamó colérica Urd ante semejante atrocidad.
-No sé qué pensar... no puedo ver nada... -dijo
Verdandi sintiendo por primera vez el miedo que ya atenazaba el corazón de las
otras nornas. -Jamás un mortal había sido capaz de esconderse de mí, pero
cuando miro su hilo no puedo ver absolutamente nada... no sé si Skuld tiene
razón, pero ciertamente esto es peligroso... no... no es normal... -La alegría
solía acompañar a su melodiosa voz se había esfumado por completo y se vio
sustituida rápidamente por el miedo.
-Ese chico se merece nuestra atención sin duda, pero no
podemos intervenir. Cumpla o no con el terrible destino que contemplas en él, nuestro
deber no es velar por la supervivencia de los mundos. -afirmó con convicción
Urd mientras retomaba la labor en el telar.- Nosotras tejemos el destino de las
criaturas y el universo en sí, incluso si este destino incluye nuestra propia
destrucción. -continuó con un fuerte temblor de manos causado en parte por la
edad en parte por el temor- Tejeremos, pues es nuestra labor, y confiaremos en
que otros sepan llevar a cabo la suya con igual abnegación.
Se produjo un largo silencio sólo profanado por la diestra
aunque pausada labor de la norna en los tapices. Verdandi y Skuld se miraron
durante un largo momento hasta que finalmente la valquiria se aventuró a
preguntar:
-Urd, hermana... ¿qué ves cuando miras su cordel?
-Mjödvitnir. Le han llamado Mjödvitnir.
